Por cuanto todos pecamos, estamos
destituidos de la gloria de Dios1, la maldad circula por nuestras
venas, llegando a ser seres cuasi animales: sin esperanza de salvación ni vida
eterna.
Pero Dios, en su infinito amor, proveyó
el sacrificio perfecto para expiar los pecados de toda la humanidad; y
que todo el que crea no se pierda más tenga vida eterna2.
Esa es la obra de Jesucristo, darnos
libre acceso a la gloria de Dios, rompiendo el velo de la religiosidad3.
Muriendo al pecado para tener una nueva
vida4.
Renunciando a la impiedad y los deseos
mundanos para vivir santificadamente5
1Ro.3:23 2Jn.3:16;He.4:16;Co.1:12-14
3Ro.3:24-26;5:1-2 4Ro.6:1-4 5Ti.2:11-14
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