Todo
lo que hace está regido por principios cristianos. De ahí el calificativo de santos,
apartados, escogidos o hijos de Dios.
Ningún
cristiano puede disfrutar las cosas del mundo. Pero millones de religiosos se
deleitan en los placeres mundanales. Los tales son falsos.
Acordáos
que la puerta es angosta y pocos van por
ella, aunque millones crean seguirla.
En
aquel día será el lloro y crujir de dientes y muchos dirán: señor, señor.
En
el cristiano habita el Espíritu de
Dios quien le alumbra para proyectar luz.
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