Los
religiosos de la época de Jesucristo, cada vez que lo buscaban para provocarlo,
se retorcían por sus ideas libertarias y opuestas a sus dogmas condenatorios y
asesinos.
Esta
vez, le llevaron una mujer adúltera(Jn.8:1-11), la cual según sus
tradiciones religiosas debía morir apedreada.
Eso
decía la ley y había que cumplirla; así que pretendían demostrar su disposición
para cumplir asesinándola.
Pero
Jesucristo le dijo: “Vete y no peques más”.
¡Grandísimo
hereje!, dirían los religiosos…
Pero eso es el cristianismo verdadero: no
condena, ni muerte, ni hipocresía religiosa; sino un mensaje de arrepentimiento
y conversión para una vida en santidad.
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