Afiliarse a una organización terrenal
llamada religión no garantiza ser cristiano, y menos la salvación; el punto no
es pertenecer, sino ser.
Es como muchos que van a la universidad
y ostentan un título profesional, pero en la práctica dejan mucho que desear;
nunca les entró la profesión; nunca se entregaron con sacrificio para
convertirse realmente en lo que querían ser.
Así, muchos buenos cristianos profesan
alguna religión; pero son buenos cristianos por lo que son, por su entrega y su
estilo de vida santificado.
Asimismo, millones de seudocristianos van por la
puerta ancha, y tendrán que decir: “Señor, Señor…”
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