Los
milagros de Dios son reales; pero tampoco juega a la magia, sino que utiliza sus propias leyes físicas
cuando es necesario realizar algún “milagro” en circunstancias bien específicas
y para propósitos bien definidos.
No es un
mago ni un genio de la botella como muchos sarcásticos quisieran verlo
repartiendo “milagros” por doquier, resolviendo todos los problemas del mundo.
Hipócritas,
pues nosotros, ni nuestros problemas más sencillos podemos evitar o resolver.
Así que no nos
dejemos chantajear, ni por los incrédulos escépticos, ni por los manipuladores
vividores; porque los milagros de Dios son un trato exclusivo entre tú y Él.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario