Lo único cierto, es que al desaparecer de esta vida azarosa,
partimos a un lugar mejor, aun cuando no hubiese vida después de la muerte.
Jesucristo lo enseñó así: “Hoy
estarás conmigo en el paraíso1… son iguales a los ángeles2…
ha pasado de muerte a vida3… aunque esté muerto, vivirá… eternamente4”
Y como para Dios el tiempo no existe, todos esos limbos o
salas de espera intermedia tampoco existen.
Al cerrar los ojos, nacemos a la luz.
1 (Lc.23:43); 2(Lc.20:36); 3
(Jn.5:24); 4 (Jn.11:25,26)
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