Si Adán y Eva no hubieran desobedecido, no existiera pecado y
tampoco muerte. Todos somos pecadores y estamos destituidos de la gloria de
Dios1; siendo la paga del pecado la muerte2.
El pecado mora en nuestro cuerpo luchando contra nuestro
espíritu3.
Pero Jesucristo se hizo humano, para destruir con su muerte y
resurrección, el pecado y la muerte4; y que tengamos la confianza
que aunque muramos, viviremos y no moriremos eternamente5.
Siendo fieles hasta la muerte para ganar la corona de la vida6.
La muerte de un cristiano es victoria sobre un cuerpo
corruptible para convertirse en un ser celestial.
1(Ro.3:23),2(Ro.6:23),3(Ro.7:24),4(Heb.2:14),5(Jn.11:25-26),6(Ap.2:10)
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