El joven rico, Saulo de Tarso y la
grulla de religiosos que querían apedrear a la mujer adúltera, creían estar
agradando a Dios y cumpliendo su voluntad; pero estaban totalmente equivocados.
Se sentían tan cumplidores de los
preceptos religiosos que se habían convertido en verdaderos fanáticos,
olvidando el principio básico de toda devoción: el amor a los demás. Uno no
quería compartir sus riquezas; otro odiaba a los que no eran de su “iglesia”; y
los demás querían asesinar a la “pecadora”.
Si no eres capaz de amar aún a tu “enemigo”
(Mt.5:44-47), no eres digno del Reino de los Cielos.
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